martes, 17 de noviembre de 2020

UN LUGAR DE MI INFANCIA

 

Era azul y transparente. Era y es uno de mis lugares favoritos. Soñaba con ser una de sus criaturas para no salir de sus brazos. La frescura envolvía mi cuerpo, y la paz de vivir sin los pies en la tierra me limpiaba por dentro. Era lo más parecido a volar, bastaba con dejar caer la cabeza hacia atrás, elevar las piernas y ver sólo azul, azul y nubes.

 

A veces, el lugar era inmenso, y otras, eran 25 metros de largo por 16 de ancho. Sin embargo, la paz era la misma que cuando dormía en la cuna o en los brazos de mamá.

Y cuando me sumergía no escuchaba nada, nada más que el agua. El sonido del planeta respirando y dejando respirar. El tacto de un medio que se moldea, que se deja mover por una amplia brazada o por una ola rompiendo contra afiladas rocas. La inesperada tranquilidad de tumbarse sobre nada, y la rabia de no poder respirar debajo del agua.

 

Nadando en los entrenamientos ansiaba encontrarme con el momento en que ladeaba la cabeza, lo justo para coger aire, imaginando que la lámina de agua corta mi cara por la mitad en una perfecta línea vertical: Un ojo sumergido y otro en la superficie, observando por dos segundos el horizonte que separa la vida de la muerte. Jugar en esa línea, pensar en un medio ingrávido, extender los brazos y acariciar la superficie sin poder atraparla…Ya estaba yo atrapada en sus aguas, en sus bucles, cada uno diferente al anterior.

 

Una vez dentro, solo tenías que dejarte invadir por todos los márgenes, ceder cada poro de tu piel a la humedad, permitir que rodee todo tu cuerpo como no dejarías a nadie, dejar que el agua te rodee como nada ni nadie lo haría jamás. El agua era pura felicidad.

 

MAMÁ

Mamá,
me gustan las personas a las que tú llamarías locas.
Esas que se pierden entre el humo,
esas que no piensan en dinero,
esas que no se asustan cuando les hablas de la muerte,
y te compadecen cuando sientes que parar es necesario.

Mamá,
me gustan las personas que no conocen fronteras,
que no se extrañan cuando descubren mis tatuajes,
que se pierden en mis cicatrices,
que me curan las heridas con alcohol
y sorprendentemente no escuece.

Mamá,
me gustan esas personas en ruinas.
Hasta sus lágrimas me parecen bonitas.
Las que viven de noche
y duermen los días.
Las valientes que no toleran injusticias.
Las que no hacen distinción,
saben que la sangre es roja,
el continente nunca es una cuestión.

Mamá,
me gusta la sinceridad de cada una de sus palabras.
Quiero escuchar las voces que les acompañan
y comprendo sus gritos
-a veces yo también los necesito-.

Mamá,
me gustan las voces rotas.
Quiero corromperme continuamente
para sonar como ellas.
Quiero hacer el amor con esa imperfección,
y que sean otros los que se mueren de envidia.

Mamá,
prefiero la luna, ella no quema como el sol.

Mama,
espero que puedas soportarlo,
me he enamorado del arte vestido de mujer,
y me ha pillado desnuda,
todavía,
a medio hacer.

TODA ESTA VIDA

Había tanta luz,
que hicimos estallar los plomos,
y ni tú ni yo supimos
lo ciegas que nos habíamos quedado.

Caminé de tu mano
y nos guardé en aquella casa nuestra de la infancia,
para que si algún día nos apeteciera volver
a todos esos años,
solo tuviéramos que cerrar los ojos
y abrazadas,
dormirnos en nuestros sueños compartidos.

Entrelacé mis ganas a tus impulsos
con la esperanza de que algún día entiendas
que aunque no puedas verme,
yo seguiré ahí:
En tus ojos verdes
y tu rutina traviesa.

Quiero que entiendas
que las flores mueren
pero la primavera siempre llega.
Que la nieve se derrite
pero el invierno vuelve para congelar todos nuestros miedos.

Quiero explicarte a ti,
y no al mundo,
que lo que tú y yo hemos creado
es como ese invierno,
como esa primavera
que nunca desaparecerá.
Que todo este amor,
burla la muerte.
Toda esta vida,
nuestra,
es inmortal.

PROMETO GUARDARTE

Me duele esta nieve que tengo en las manos
y que no deja de arder,
quemando cualquier rastro de cariño.
Me duele el viento cada vez que canta,
cada vez que huye del frio,
y se lleva toda mi tristeza.

Me duelen mis palabras huecas,
mi aliento perdido,
sin hogar,
buscando una boca que ya no le corresponde.

Me duele el ruido de Madrid,
el frio del último verano,
el miedo de aquel rechazo.

Me duele abandonar su piel
para vivir en las trincheras.

Me duele reducir su recuerdo a polvo blanco,
buscar una salida a su dejadez,
bañarme en tierra mojada,
correr sus pupilas,
y deshacerme en una nube blanca.

Deja de guardarme en un secreto,
recréate en mi olvido
y guarda la esperanza de que algún día nos dejemos de doler.
Hasta entonces,
prometo guardar silencio,
prometo guardarte en mi nieve,
que no deja de arder.

CIUDAD DE CINE II

Todo va sobre el café que nos tomamos 

en aquella terraza,

sobre cómo quisimos volar 

sin tener aún alas.

 

Todo va de lo que fuimos

y de lo que no supimos ser.

 

Todo va de números 

de kilómetros entre mis palabras y tu mente,

de días contados en una mano,

de todos los sueños que he perdido en tus labios.

 

Todo va de ti y de mí,

y de una ciudad de cine.

 

Todo va de las veces que acurrucaste mi tristeza 

entre tu cuello y tu hombro.

Y de cuando lo dejaste de hacer

hace ya un tiempo.

 

Todo va de lo que duelen tus fotos

y tu sonrisa descarada.

 

Todo va de cuando parabas agujas de relojes,

de cuando hacías sentir vida a la muerte

de cuando me contentabas y me entristecías al mismo tiempo.

Ahora solo te siento pregunta

e infierno.

 

Todo va sobre las heridas

que me hacen tus cristales rotos

al despegarme de ti.

 

Todo va de que en la distancia

te sentía dentro de mí,

y cuando estuvimos sentadas a 5 centímetros,

estábamos más lejos que nunca.

 

Todo va sobre lo que hubo entre tú y yo,

es decir,

sobre puestas de sol,

sobre tormentas, 

sobre interrogantes

nadando entre tu aliento y el mío,

sobre tiempo perdido,

sobre lo inmadura que fuiste

y lo irrealista que fui,

sobre canciones sin terminar,

sobre mi boca escupiéndote en poesía,

sobre tu risa bailando en mi pena,

sobre nada.

 

Todo va,

o todo iba

sobre tu cuerpo desnudo calentando mi cama.

Ahora,

tan solo,

nada.

sábado, 14 de noviembre de 2020

V VELADA DE POESÍA MÓSTOLESLAM

No fue la primera vez que recitaba frente a un público, ni la primera que me subía a un escenario, ni siquiera la primera vez que cogía un micro. Fue la primera vez que recité en un Poetry Slam.

Estaba nerviosa y tenía muchísima vergüenza pero me sentí tan acogida en ese pequeño local, que volvería a ir sin duda. 

Me tocó romper el hielo, mi nombre salió el primero por sorteo y me lancé a recitar con "Mamá", un poema especial y de los primeros que recité en los micros abiertos de Malasaña. En la segunda ronda recité "Ellas", del cual había grabado previamente un videopoema. 

 
 
Quedé semifinalista al recitar junto con poetas increíbles como José Olmedo, Olga Milonga, Millás Myjazz, Stefano Carbone, Quid Pro Quo, 3 Cejas y Ros Moderna Eterna.

 Me encantó recitar en un poetryslam después de pasar tres meses en cuarentena haciendo directos en Instagram y sintiendo tan lejos el público. 

Gracias por todo el apoyo.



NUDO DE GARGANTA

He incendiado los polos de rabia
y, al momento,
se me han congelado las manos.

Todas las noches
me ahogo en un nudo de garganta.
Me hago pequeñita
tan pequeña
que mentiría si dijera que puedes verme.

Me corto los nervios
porque no puedo soportar esta ida y venida
de gente
que me deja desnuda
y se lleva todo su calor y lo poco que quedaba del mío.

Las lágrimas se me anudan
y deciden quedarse a vivir
en la cornisa de mis ojos
a punto –– pero no ––
de caerse.
Yo también
estoy a punto de caerme.

Desplomo mis razones
por las barras de los bares.
Me desplomo en los callejones
de Madrid –– porque otras ciudades
duelen demasiado ––
y suplico que me ahoguen en alcohol,
una vez más,
antes de que llegue la noche
con sus nudos de garganta.

martes, 10 de noviembre de 2020

RUIDO

No puedo escapar de este ruido
que me grita silencios.

Que me pide a guerras,
un poco de paz.

Que con incendios
me suplica agua
y,
sinceramente,
no creo que quiera
ni lo pueda
callar.

SEMILLA Y TIERRA

    En vez de hacer el amor, nosotras lo reinventamos : Tejimos nuestro tacto a la cama y ya no supimos salir.     Hundí tu semill...